ESTA CIUDAD es para vivir. No para morirse en ella.
Pero cada persona tiene sus trastiendas. Por eso hubo
quienes decidieron que la zarabanda debía acabarse. Y fue
aquí. Precisamente aquí. En el lugar donde las cosas deben
comenzar.
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ESTA CIUDAD se halla atestada de museos. Lo pienso
mientras camino por los jardines del Hôtel Biron, donde
se encuentran las obras de Auguste Rodin. Hay demasia-
dos museos y aun así echo en falta uno: sería el de las pie-
zas robadas en otros museos. Quedaría estupendo. Los
cacos podrían contar, ante una cámara de filmación, como
ejecutaron el golpe. Muy instructivo. La gente, en ocasio-
nes, se ha llevado pequeñas esculturas en un bolsillo de la
gabardina o en una bolsa de de los Juegos de Montreal. ¡Qué
descaro! Siempre se han producido robos. Pero si ese
museo existiera, los cacos no tendrían que colocar su botín
a un coleccionista privado. El cliente sería el museo.